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¿Un día de éstos comenzará su dieta?

Un pequeño cambio puede ser el motor para una renovación poderosa. ¡Atrévase!

“Un día de éstos voy a empezar…” ¡Cuántas veces lo hemos escuchado e incluso lo hemos repetido! Es increíble la infinidad de excusas que podemos encontrar para justificar la falta de acción. “Un día de éstos” significa, en realidad, ningún día.

La postergación es el arte de mantenerse siempre “a punto de” hacer algo, sin alcanzar la satisfacción de lograrlo. Esta conducta se vale del autoengaño, la ilusión de iniciar mañana algo que hoy no hacemos: es el clásico “el lunes empiezo”… También utiliza el escapismo, la falta de compromiso serio para llevar a cabo lo que se eligió; en este caso cualquier excusa parece válida: “es que estoy angustiado…”, “con este calor me va a bajar la presión…”, o “con el día que tuve hoy ¡qué querés!”.

Algunas personas postergan realmente convencidas de que en algún momento van a comenzar: la postergación es su forma de vida. No llegan nunca a la acción, tal vez por el temor que les genera el fracaso (“¡otra dieta más, yo nunca bajo un gramo!”) o el éxito (“¿y si adelgazo y le gusto a alguien…?”).

También están quienes juegan con el límite. Dejan todo para último momento y luego justifican los malos resultados por “falta de tiempo”. Se “ponen a dieta” una semana antes del casamiento o quince días antes de Navidad, ayunan, se la pasan a caldo y pretenden que su organismo adelgace en siete días lo que llevaría varias semanas o meses.

Otros evitan enfrentar las situaciones que les resultan complicadas: dejan pasar el tiempo indefinidamente y se van acostumbrando a estar gordos (mientras aprovechan los beneficios ocultos que tiene la obesidad).

Las consecuencias de la postergación dependerán de qué es lo que deja de hacer. En relación con su salud –hacerse un chequeo médico, comenzar a hacer ejercicio o cuidar su alimentación- estará disminuyendo nada menos que su calidad de vida. Tenga presente que nadie puede obligarlo a cambiar, pero tampoco nadie puede impedirle que lo haga.

 

Perfil del postergador

1) Espera que las situaciones se resuelvan solas.

2) Cree que no está preparado para actuar y tiene miedo al fracaso, aunque difícilmente lo reconozca.

3) Evita la confrontación con los demás.

4) Se justifica con excusas: “no tengo tiempo”, “hace calor”, “estoy cansado”.

5) Vive en función de otro (hijo, esposo/a, madre, padre).

 

Posterga para :

1) Evitar situaciones difíciles o desagradables.

2) No arriesgarse, porque íntimamente se siente cómodo.

3) No cometer errores. Cree que va a actuar cuando se den las condiciones que considera perfectas.

4) Culpar a otros de su infelicidad.

5) Evitar el posible fracaso.

 

Si se reconoce en este identikit más de lo que le gustaría, no desespere. Empiece por cosas tan simples como mirar a su alrededor. Haga el siguiente experimento: tire esas recetas que recortó del diario y sabe que nunca va a preparar, cambie la disposición de los muebles, arregle las cosas que últimamente se rompieron –el cuerito de la canilla, la tira de la mochila-, deshágase de la ropa que le queda chica o grande, o simplemente de la que no usa y guarda “por las dudas”…

Revise los objetos escondidos en los cajones del baño, la cocina, el dormitorio. Seguramente encontrará al menos tres cosas que ni siquiera recordaba que tenía porque hace meses o años que no necesita. Quizás descubra que eso forma parte de su pasado.

Casi de modo natural, solemos acumular cosas a las que nos acostumbramos. Algo similar pasa con las acciones que postergamos. Por eso, revisar lo que nos rodea puede ser un excelente ejercicio para mirar desde otra perspectiva –la del presente-, reclasificar y deshacernos de lo que ya perdió sentido.

Un pequeño cambio a su alrededor puede ser la llave, el gran motor para cambios más grandes. Este tipo de actitudes esconde una renovación poderosa. Usted no es el mismo de hace cinco años, ni siquiera es el mismo del año pasado… Reconocerlo le permitirá aprovechar la energía positiva del cambio.

Atrévase a cambiar lo que le disgusta. Empiece por pequeñas cosas; si no puede hacerlo solo, pida ayuda (otros no estarán tan ligados a esos objetos). Mientras hace esta limpieza, recuerde que puede ser el comienzo de una etapa de renovación… Después de todo, de usted depende cuál es el camino a seguir.

Prof. Dr. Alberto Cormillot

Clínica Cormillot

Cuba 3684 (CABA)
Tel: 011 2033-1300

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