Menu

Obesidad

Enfermedad que se caracteriza por la excesiva acumulación de grasa en el cuerpo. Durante años fue considerada principalmente un problema estético. Sin embargo, debido a su asociación con enfermedades como diabetes tipo 2, enfermedad cardíaca y cáncer, entre otras complicaciones, hoy es reconocida como el factor que más contribuye al desarrollo de enfermedades crónicas, lo que se traduce en mayores índices de mortalidad. En los EE.UU. se ha convertido en la segunda causa de muerte prevenible detrás del cigarrillo.

El aumento cuantitativo del tejido adiposo se debe a un desequilibrio entre la incorporación y la utilización de la energía contenida en los alimentos. El incremento de la ingesta de energía respecto de los niveles habituales, la disminución de la actividad física o ambas, producen un balance de energía positivo en el que las calorías incorporadas a través de los alimentos superan a las que se gastan con el movimiento.

En circunstancias normales, el balance de energía oscila diariamente sin cambios duraderos en el peso debido a la acción de múltiples mecanismos fisiológicos. Pero cuando el balance de energía se mantiene durante un tiempo prolongado, el desequilibrio puede volverse permanente ya que el organismo pone en marcha acciones que tienden a “defender” el nuevo peso, haciendo difícil una reducción duradera.

Además del aumento de peso resultado de la acumulación de grasa corporal, el tejido adiposo produce moléculas (“adipoquinas”) que podrían contribuir al aumento del riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes y la enfermedad cardíaca coronaria.

La tendencia a la obesidad es una condición permanente: se mantiene aunque la persona que ha engordado haya podido luego bajar de peso y sostenerlo.

Grados de obesidad

Para clasificar los niveles de obesidad se establece la relación entre el peso y la altura de la persona (peso/(altura x altura)). La unidad más utilizada se denomina índice de masa corporal (IMC). La Organización Mundial de la Salud utiliza la siguiente tabla para clasificar la obesidad:

 

Grados de Obesidad

IMC

Por debajo del peso saludable  Menos de 18.5
Peso saludable  18.5 a 24.9 
Sobrepeso o pre-obesidad 25 a 29.9 
Obesidad grado 1 30  a 34.9 
Obesidad grado 2 35 a 39.9 
Obesidad grado 3 (severa) 40 ó más 

Para el Instituto Argentino de Alimentos y Nutrición (IAAN) hay obesidad a partir de un IMC de 25, debido a que numerosos estudios muestran que la asociación con riesgos para la salud comienza a partir de estos valores. Por otro lado, también ha propuesto la necesidad de distinguir subgrados de obesidad severa, ya que los riesgos y complicaciones aumentan con el peso, estableciendo diferencias significativas entre los distintos rangos de IMC. Por esta razón, ha propuesto una clasificación alternativa a la de la OMS:

 

Denominación IMC Exceso de kilos Riesgo de complicaciones
BAJO PESO 
Bajo peso Rango Normal <18.5 Leve a severo
NORMAL
Normal 18.5-24.29 Bajo
OBESIDAD
Obesidad I 25 a 29,9  1 a 15 Promedio
Obesidad II 30 a 34.9 15 a 35 Moderado
HIPEROBESIDAD – OBESIDAD MORBIDA
Obesidad III 35 a 39.9 35 a 50 Severo
Obesidad IV 40 a 49,9 50 a 80 Muy severo
SUPEROBESIDAD – OBESIDAD MORBIDA
Obesidad V 50 a 64,9 80 a 110 Muy severo
Obesidad VI  65 a 79,9 110 a 150 Muy severo
Obesidad VII 80 a 99,9 150 a 200 Muy severo
Obesidad VIII 100 ó más + de 200 Muy severo

Epidemiología

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, más de 1000 millones de personas en todo el mundo tienen sobrepeso (22 millones son niños menores de 5 años) y unos 300 millones, obesidad.

Las cifras de sobrepeso y obesidad pueden variar mucho de país en país, desde un escaso 5% en áreas rurales de China hasta un altísimo 90% de la población adulta en islas del Pacífico occidental como Nauru y Tonga. En Europa, cerca del 27% de los hombres y 38%  de las mujeres son consideradas obesas, mientras que en EE.UU., uno de los países más afectados, el índice de sobrepeso alcanza al 65% de la población y la obesidad supera el 30%, de acuerdo a la clasificación de la OMS.

En Argentina, datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del Ministerio de Salud, revelan que el 14,6% de la población tiene obesidad, y el 34,5%, sobrepeso.

Causas

La obesidad se produce produce cuando el consumo de calorías supera a su gasto durante un tiempo prolongado.  A diferencia de lo que comúnmente se cree, la obesidad no es el resultado de una decisión personal –el mero deseo de comer- o de la  “falta de voluntad” para adelgazar. En las últimas décadas se han acumulado las evidencias acerca de las influencias genéticas, metabólicas e incluso ambientales en su desarrollo.

* Predisposición genética. Aunque es posible que uno o más genes causen directamente un aumento de peso y obesidad, en la mayoría de los casos, estos genes aumentan el riesgo o suceptibilidad de un individuo a desarrollar esta enfermedad si se expone a un entorno desfavorable. En otras palabras, la obesidad es el resultado de un estilo de vida que promueve un balance de energía positivo (más calorías ingeridas que las que se gastan con la actividad física), pero se manifiesta con mayor frecuencia en personas que han heredado una suceptibilidad a mantener dicho balance. Los mecanismos genéticos involucrados pueden influir en el poco control del apetito, una baja proporción de masa magra, un bajo ritmo metabólico, un bajo ritmo de oxidación de las grasas, baja propensión a la actividad física espontánea y factores hormonales como la sensibilidad a la insulina, la acción de la hormona leptina y de la hormona de crecimiento.

* Sedentarismo. La falta de actividad física favorece el sobrepeso ya que el cuerpo no llega a gastar toda la energía que recibe a través de los alimentos. Desde hace poco más de medio siglo, el llamado estilo de vida occidental se ha vuelto cada vez más sedentario, en parte debido a las tecnologías de ahorro de esfuerzo –la multiplicación de los medios de transporte y los trabajos de escritorio son apenas dos ejemplos-, y en parte debido al desplazamiento de la alimentación hacia opciones no saludables.

* Consumo de alimentos de alta densidad energética. Estos alimentos producen menor saciedad que los alimentos basados en vegetales. Se cree que las señales nerviosas de la saciedad son débiles o llegan al cerebro sólo después de que sea consumido una gran cantidad de alimentos, de manera que el organismo sigue incorporando más energía de la que necesita, la cual se almacena en forma de grasa. Por otro lado, la capacidad que el cuerpo tiene de almacenar grasa es ilimitada y lo hace con gran facilidad.

* Medioambiente tóxico. La actual epidemia de obesidad no puede explicarse sólo a partir de una tendencia genética ni de decisiones individuales. La hipótesis del “medioambiente tóxico” supone que determinandas características del entorno que caracteriza al estilo de vida occidental, como la sobreabundancia de alimentos procesados, la mecanización de las tareas (que promueve el sedentarismo) y la disminución relativa de los empleos que demandan esfuerzo físico, podrían sumarse a la predisposición genética para el desarrollo de la obesidad.

 

Características del ”medioambiente tóxico”

 

* Disponibilidad de  alimentos con alto contenido de grasas y azúcares y de bajo aporte nutricional.

* Tamaño de las porciones (1 sola porción puede  alcanzar el 30-50 % de las calorías diarias requeridas).

* Sedentarismo impulsado por trabajos de oficina que requieren poca actividad física, el uso de vehículos, el aumento del uso de la TV y las computadoras, y otras tecnologías de ahorro de esfuerzo.

* Marketing de alimentos, que influye en las preferencias de productos con alto contenido de calorías y bajo de nutrientes en niños pequeños, muchos de los cuales no pueden discernir la naturaleza y propósito de la publicidad.

Otras causas menos frecuentes:

* Abandono del cigarrillo.

* Consumo de alcohol.

* Medicaciones como antidepresivos, corticoesterioides o insulina.

* Enfermedades genéticas o endócrinas como hipotiroidismo, enfermedad de cusihng o tumores hipotalámicos.

* Etnicidad. Determinados grupos étnicos parecen tener una mayor predisposición al desarrollo de obesidad y sus complicaciones.

Tipos de obesidad

De acuerdo con la distribución de la grasa en el cuerpo, la obesidad se clasifica en androide o “tipo manzana” y ginoide o “tipo pera”. En la primera, la grasa se acumula principalmente en el torso y el abdomen, y aumenta el riesgo de sufrir infarto, ateroesclerosis y cáncer de colon y próstata en el hombre, y de mama y útero en la mujer. Es más común en hombres y en mujeres posmenopáusicas. El riesgo se calcula tomando la medida de la cintura: el límite aconsejable para el hombre es de 95 cm, y para la mujer, de 85. La obesidad “tipo pera” ubica la grasa principalmente en las caderas y en los muslos. Es característica de la mujer.

Complicaciones

La obesidad tiene serias complicaciones para la salud y la calidad de vida. Entre las cardiovasculares y circulatorias se encuentran la hipertensión arterial, ateroesclerosis, enfermedad coronaria, agrandamiento del corazón y hemorragia cerebral. Entre las de tipo metabólico, la diabetes, hiperlipidemias (colesterol y triglicéridos altos en sangre), gota o aumento de ácido úrico. Las complicaciones digestivas y hepatobiliares más comunes son hernia hiatal, hígado graso y cálculos biliares; entre las de tipo mecánico, artrosis y problemas respiratorios, alteraciones de la piel y hematológicas, tumores y otras complicaciones como hernias, problemas renales, complicaciones obstétricas, riesgo anestésico y tolerancia a fármacos, riesgo quirúrgico, accidentes, omisión de otros diagnósticos, adicciones y abuso de fármacos y alcoholismo.

 

Riesgos asociados con la obesidad

Muy aumentado 

Moderadamente aumentado

Ligeramente aumentado 

* Diabetes
* Resistencia a la Insulina
* Enfermedad cardíaca coronaria * Cáncer (de mama en mujeres postmenopáusico, cáncer endometrial, cáncer de colon y próstata)
* Cálculos de la vesícula * Artrosis (rodillas) * Alteración hormonal en mujeres
* Hipertensión * Hiperuricemia * Síndrome de ovario poliquístico
* Dislipidemia * Gota Problemas de fertilidad
* Hígado graso   * Lumbalgias
* Desórdenes de la respiración   * Aumento del riesgo quirúrgico

* Apnea de sueño
* Desórdenes de la alimentación
* Depresión
* Discriminación

  * Problemas fetales

 

Complicaciones psicológicas y sociales

* Problemas anímicos. Existe una marcada relación entre peso y baja autoestima, especialmente en los niños y adolescentes. Esto a su vez influye en las  posibilidades de establecer relaciones sociales de calidad, con un corolario de aislamiento y mala calidad de vida. También se ha señalado una relación importante con trastornos del estado de ánimo como la depresión, y trastornos alimentarios como la bulimia y desorden de atracón –en el que la persona come sin control-.

Estos problemas se agravan ante la dificultad de perder peso sostenidamente, y pueden conducir a un aumento de peso en quienes comen como respuesta al estrés. Así se crea un círculo vicioso muy difícil de romper, donde el aumento de peso genera alteraciones anímicas y éstas provocan un aumento de peso, mayor depresión y ansiedad.

* Sexualidad. La obesidad mórbida puede afectar de distintas formas la vida sexual de la pareja. En primer lugar, debido a las complicaciones que afectan a la movilidad y a los problemas respiratorios, que impiden tener una relación sexual plena. En segundo lugar, algunas personas obesas tienen una disminución en la producción de hormonas sexuales, que influye sobre el nivel de libido o deseo sexual.

No obstante, la principal razón por la que la obesidad puede afectar la sexualidad es la insatisfacción con el propio cuerpo, que hace que muchos obesos se sientan sin atractivo sexual o con miedo al ridículo o al rechazo. Por estas razones, prefieren evitar los encuentros íntimos con sus parejas e incluso toda clase de actividades que requiera de poca ropa –como la natación o tomar sol, por ejemplo-.

* Trastornos alimentarios. Otra posible complicación es el desorden de comedor compulsivo o “desorden de atracón”, que se caracteriza por comer en exceso y en  forma descontrolada, con el consecuente aumento de peso y períodos de depresión. Menos frecuente pero también significativa es la asociación entre obesidad y bulimia, un desorden en el que los atracones son seguidos de ayunos prolongados, vómitos y/o uso de laxantes y diuréticos para compensar los excesos en las comidas. También frecuente en pacientes obesos es el síndrome de comedor nocturno, por el que las personas se levantan de noche con la necesidad de comer algo para poder volver a dormir. Existen además otros trastornos alimentarios no especificados relacionados con la obesidad.

* Dificultades en el diagnóstico y  tratamiento médico. En el límite de las complicaciones sociales y físicas, muchos obesos no pueden acceder a diagnósticos o tratamientos debido a que exceden el peso permitido por dispositivos como la tomografía computada o el resonador magnético. A veces resulta imposible medir la presión arterial debido a que el tensiómetro -o medidor de presión- no está preparado para las dimensiones de un obeso mórbido. En otros casos no pueden acceder a tratamientos quirúrgicos simplemente porque la camilla no soporta su peso.

* Discriminación. En la medida en que la obesidad es vista como un rasgo negativo, y a que se la atribuye a una responsabilidad individual (falta de voluntad, gula, pereza), los obesos son blanco de discriminación a causa de su peso. Se han documentado conductas discriminatorias en el lugar de trabajo (menor sueldo a igual tarea, menores oportunidades de contratación y ascensos), centros educativos (rechazo de pares y maestros), centros de salud (falta de instalaciones adecuadas, atención deficiente) y en las relaciones sociales (abuso verbal, burlas y agresiones físicas). También se han verificado tratamientos diferenciales en el transporte público (obligación de pagar más de un pasaje a causa de su tamaño) o espectáculos públicos (obligación de comprar dos entradas o falta de instalaciones adecuadas).

Tratamiento

La obesidad no tiene actualmente una cura definitiva. El tratamiento busca reducir el peso y mantenerlo en niveles considerados saludables. Para ello apunta a modificar hábitos de estilo de vida como la alimentación y la actividad física. Un programa para perder peso puede incluir:

  • consulta con médico especialista
    • consultas nutricionales
    • asesoramiento para cambio de conductas
    • comidas dietéticas o productos sustitutos de alimentos
    • talleres educativos
    • terapia psicológica
    • medicamentos (para personas con IMC superior a 27)
    • intervenciones bariátricas como balón, banda o bypass gástricos (para personas con IMC superior a 35 ó 40).

Fuentes consultadas:
OMS
Instituto Argentino de Alimentos y Nutrición

 

Entradas relacionadas

Clínica Cormillot

Cuba 3684 (CABA)
Tel: 011 2033-1300

Suscríbete al Newsletter

Vivir Mejor