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Vitaminas

Sustancias orgánicas imprescindibles en los procesos metabólicos que tienen lugar en la nutrición de los seres vivos. Son necesarias en pequeñas cantidades para el funcionamiento normal del cuerpo. Cumplen roles clave en el crecimiento, la reproducción, el mantenimiento de la vitalidad y el bienestar general.

Cada vitamina tiene funciones específicas, por lo tanto no puede ser reemplazada o reemplazar a otra. Las vitaminas intervienen prácticamente en todos los procesos orgánicos, actuando como “coenzimas“. Las enzimas son las sustancias que activan las reacciones químicas del cuerpo: sin las enzimas no podríamos caminar, parpadear, sentir el perfume de una flor o saborear una manzana. Y, sin las vitaminas, las enzimas no pueden realizar su trabajo.

En general, salvo algunas excepciones, las vitaminas son indispensables en la alimentación diaria porque no pueden ser fabricadas por el organismo o bien porque su síntesis puede verse disminuida por diversos factores.

Comparadas con otros nutrientes, como los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas, la necesidad diaria de vitaminas es mínima. Sin embargo, la falta de una sola de ellas puede poner en riesgo la salud.

Una sustancia no califica como vitamina sólo porque el cuerpo no pueda fabricarla: debe haber evidencia que sugiera que la salud disminuye cuando esa sustancia no se consume.

Tipos de vitaminas

Luego de su absorción en el sistema digestivo, las vitaminas -como los minerales- se integran a la estructura del cuerpo. Mientras algunas se aprovechan inmediatamente, otras se almacenan hasta el momento de su utilización.

Los síntomas de deficiencia de una vitamina aparecen sólo cuando esa vitamina falta en la alimentación y las reservas en el cuerpo están agotadas. Por ejemplo, los síntomas de carencia de tiamina (vitamina B1) no se hacen evidentes hasta los diez días posteriores a la suspensión de su ingesta.

Las vitaminas se clasifican en:

* vitaminas solubles en agua
* vitaminas liposolubles, o solubles en grasas.

Solubles en agua: complejo B y vitamina C

Dado que habitualmente no se acumulan en el organismo (éste las utiliza casi en el momento de su absorción), deben ser consumidas con regularidad. Las vitaminas B12 y B6 son excepciones: se almacenan más fácilmente que las otras vitaminas solubles. En tanto, dosis muy elevadas de vitamina C pueden traer consecuencias como cálculos renales o diarrea.

Solubles en grasas: A, D, E, y K

El grupo de vitaminas solubles en grasas permanece en el cuerpo durante más tiempo. Si bien son almacenadas en el tejido graso, algunas se depositan en ciertos órganos, especialmente el hígado, acarreando efectos tóxicos. El consumo elevado de suplementos de vitamina A (unas tres veces más que los requerimientos), por ejemplo, puede provocar dolores óseos, crecimiento anormal de los huesos y daños en el sistema nervioso. También puede aumentar el riesgo de defectos congénitos en los bebés.

Vitaminas, alimentación y suplementos

Una alimentación balanceada y variada generalmente satisface los requerimientos de vitaminas y minerales que el organismo necesita para funcionar apropiadamente. Sin embargo, el médico puede evaluar si corresponde utilizar suplementos de vitaminas y minerales cuando la alimentación tiene determinadas características:

› dietas muy restrictivas para bajar de peso
› ejercicio físico muy intenso
› saltear comidas y consumir frecuentemente comidas rápidas
› en la adolescencia, cuando se alimentan principalmente de hamburguesas, papas fritas, salchichas y gaseosas
› rechazo a la leche y sus derivados por alguna razón
› no se incluyen suficientes alimentos de origen vegetal, frutas y hortalizas crudas y cocidas en su alimentación diaria
› no consumir algunos alimentos, por ejemplo, el pescado
› personas que viven solas y no acostumbran a cocinar
› edad avanzada, problemas bucodentales, gastrointestinales o de otra índole.

 

Importante. Las vitaminas no son sustitutos de los alimentos y no aportan calorías. No se deben tomar para dejar de comer.

 

Del mismo modo, hay ciertos momentos biológicos que reclaman vitaminas: el crecimiento, la adolescencia, los embarazos y la tercera edad. Cuando no es posible realizar una alimentación balanceada debido a una enfermedad severa, discapacidad, cirugía o alergia, probablemente se requieran suplementos de vitaminas y minerales. Su uso puede ser recomendable para:

› mujeres con flujo menstrual excesivo
› embarazadas y mujeres en período de lactancia, que tienen una necesidad aumentada de ciertos nutrientes (especialmente ácido fólico, también conocido como vitamina B9)
› personas que consumen a menudo “comidas rápidas”
› algunos vegetarianos estrictos que no obtienen suficiente cantidad de vitamina B12
› enfermos que reciben medicaciones que interfieren en la digestión y absorción de nutrientes.
› personas con la capacidad de absorción disminuida (enfermedad celíaca, fibrosis quística, síndrome de intestino corto).

 

La automedicación es potencialmente peligrosa, aunque se trate de vitaminas y minerales

 

 

Las vitaminas como agentes de prevención

Variados estudios han revelado que quienes consumen las porciones recomendadas de hortalizas y frutas poseen bajos índices de cáncer y enfermedad cardíaca. Este grupo especial de alimentos es fuente de vitaminas y minerales, antioxidantes y, especialmente, de fitoquímicos.


Un poco de historia

El conocimiento del papel de las vitaminas en la salud es producto de una serie de investigaciones científicas a lo largo de las épocas. A través de la historia la carencia de vitaminas fue una de las causas de enfermedad y mortalidad. Con el tiempo se reconoció que algunos alimentos contribuían a la curación de ciertas afecciones, aunque se desconociera en concreto su aporte de vitaminas. Los antiguos egipcios, por ejemplo, trataban la ceguera nocturna (causada por la carencia de vitamina A) con una dieta de hígado de buey. También Hipócrates administraba esta cura. Efectivamente, hoy se conoce que el hígado contiene altas dosis de vitamina A, esencial para el mantenimiento de una buena visión.

El escorbuto fue finalmente erradicado a mediados del siglo XVIII, gracias a una alimentación a base de carne salada y galletas. Esta enfermedad se manifestaba en problemas óseos, de dientes, piel, músculos, articulaciones, hemorragias y provocaba un gran deterioro de la función de las glándulas adrenales, hasta la muerte. En 1747, James Lind, cirujano naval británico, realizó un estudio con un grupo de marineros y demostró que el jugo de cítricos era la cura para esta enfermedad, causada por la carencia de la vitamina C. A partir de ese momento, los barcos fueron aprovisionados con limones, naranjas y limas.

El aceite de hígado de bacalao fue durante muchos años la única medicina para prevenir el raquitismo en los niños. Pero fue en 1922 cuando se descubrió el componente curativo del aceite, la vitamina D.

La carencia de tiamina se manifestó en Asia con el beri-beri, que se difundió cuando el arroz blanco (refinado) se volvió más popular que el integral. En 1897, Christiaan Eijkman, un médico holandés, descubrió que la enfermedad respondía a esta dieta de arroz blanco.
En 1912, un químico polaco llamado Casimir Funk que trabajaba en el Instituto Lister de Londres investigando la tiamina -o vitamina B1-, acuñó el término vitamina: “vita” (vida) y “amina” (un tipo de compuesto orgánico que contiene nitrógeno).

Aunque después los científicos supieron que no todas las vitaminas eran “aminas”, el nombre se mantuvo. Y, a medida que avanzaban los descubrimientos, se asignó una letra del alfabeto a cada una de las vitaminas.

En la actualidad se conocen, además de las catorce vitaminas, otras nueve sustancias, “símil vitaminas”. Es probable que existan otras, no aisladas todavía. Aunque se las llama por sus letras, las vitaminas también tienen nombres químicos.

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