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Firmemos la paz con el cuerpo y la comida

Exigencias desmedidas, hábitos irregulares de alimentación, dietas peligrosas, pueden llevar a desórdenes serios. La anorexia y la bulimia empiezan contra la comida y terminan contra la salud y la vida.

A lo largo de la evolución humana, la búsqueda de la belleza ha sido un tema fundamental, en muchos casos con precios altos y dolorosos, a veces sólo incómodos, otras, en desmedro de la salud.

Ejemplos abundan en todos los tiempos: los vendajes en los pies de las niñas en la antigua China, los almohadones en las nalgas de 1890 que casi impedían sentarse, los corsés, las deformaciones de cráneos practicadas por algunas tribus, los tacos muy altos, la pollera recta de los 50 que casi no permitía caminar, luego la mini que hacia imposible agacharse, el jean superajustado que limita los movimientos, algunos implantes mamarios e inyección de sustancias nocivas…

La década del 70 y más aún la del 80 se caracterizaron por la explosión de dos desórdenes de la alimentación: bulimia y anorexia nerviosa, enfermedades que se desarrollaron con fuerza en muchos países, en especial en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia, y también en nuestro país.

No fue ajena a esto la modalidad iniciada por Twiggy de las modelos superflacas. Tendencia consolidada quizás como forma de atenuar el poder que había comenzado a obtener la mujer.

Muchas de las modelos top poseen cuerpos constitucionalmente flacos, mientras que otras desarrollan anorexias parciales o completas, en una guerra que comienza siendo contra la comida y termina contra el cuerpo. ¿Sus consecuencias? Pérdida de la menstruación, estados depresivos, alteraciones de la vida de relación, de la esfera sexual, también síntomas de desnutrición, y hasta la muerte.

¿Cómo aparecen estas enfermedades?

Existen varios factores. El genético: familias con antecedentes de enfermedades obsesivas, de la ansiedad, depresiones y adicciones. Por otra parte, una alimentación irregular y la tendencia a hacer dietas.

Bajar demasiado peso o demasiado rápido lleva al llamado “efecto rebote”, la comilona, y a su posterior compensación: ayunos, laxantes, diuréticos, actividad física exagerada.

En lo familiar: los conflictos, las separaciones, el hábito de hacer dietas sin instalar cambios efectivos, las costumbres enfermizas en el comer, las exigencias desmedidas respecto del cuerpo. En lo psicológico, se emparentan con un bajo nivel de autoestima y asertividad, y poca aceptación de sí mismas.

Las fuentes de estrés, como el maltrato pasado y presente, los cambios de la adolescencia, las pérdidas, violaciones o abusos sexuales, también se hallan íntimamente ligadas a estas enfermedades.

Sin embargo, más allá de todo lo anterior, estas enfermedades están relacionados en forma estrecha con la cultura y sus mandatos. Se ha creado un verdadero clima confuso, de división, exigencia y, sobre todo, agotamiento respecto del ideal de belleza. Y esto se da cada vez más en mujeres más jóvenes. En Estados Unidos, una encuesta hecha a 30.000 mujeres reveló que la mayoría prefiere perder siete u ocho kilos antes que nada en la vida.

Las sociedades que no tienen medios masivos de comunicación con modelos superflacos, casi no cuentan anorexia y bulimia. Todas las condiciones anteriormente enumeradas se colocan al servicio de la obsesión por la delgadez.

El mito dice que son los hombres quienes exigen a las mujeres cuerpos bellos a cualquier precio; describe una guerra entre hombres y mujeres, dominadores y víctimas. No creemos que sea así en realidad. Pero de todos modos es necesario firmar un armisticio. ¿Entre los sexos? No creemos que pueda darse. Sí, en cambio, es posible y necesario que las mujeres se adueñen de sí mismas y firmen la paz definitiva con la comida y con sus cuerpos.

Prof. Dr. Alberto Cormillot

Clínica Cormillot

Cuba 3684 (CABA)
Tel: 011 2033-1300

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