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13.12.2013   | La columna del doctor Cormillot

La motivación, energía para actuar

Encuentre su propia respuesta a la pregunta "¿para qué bajar de peso?". Los estímulos externos e internos. Costos vs. beneficios.

Se dice que una persona está motivada cuando se dispone al cambio, cuando encuentra la necesidad de hacer un esfuerzo para alcanzar un objetivo. Según la Real Academia Española, el término proviene de “motivo” (del latín, tardío motivus, relativo al movimiento), por lo que significa tener una “causa o razón que mueve para algo”.

Estar motivado es sinónimo de estar movilizado. Es sentir la energía necesaria para ponerse en acción. La motivación es tener:
- un objetivo, una meta, un fin que se desea alcanzar y hacia el cual uno se dirige.
- un impulso que inicia, guía y mantiene una conducta.
- la fuerza que lleva a tomar decisiones y a actuar.

El motivo o la motivación que incitan al cambio son absolutamente individuales. Cada uno encuentra su propia respuesta a la hora de preguntarse para qué adelgazar, respuesta que también puede ser diferente de acuerdo al momento que se esté atravesando: no será igual la motivación en la fase inicial de un plan de descenso de peso que la que se tiene cuando ya se bajaron varios kilos o cuando se inicia la etapa del mantenimiento.

El proceso de la motivación comienza cuando se recibe un estímulo que puede provenir tanto del exterior como del interior. Es posible bajar de peso a partir de motivaciones externas como comprarse ropa para un casamiento. Sin embargo, si la motivación no se consolida hacia su lado más comprometido, si no se transforma en una motivación interna a largo plazo, el resultado obtenido quizá se sostenga por poco tiempo. Lo más probable es que después del casamiento se vuelva a los hábitos anteriores y se recupere el peso perdido. Si la motivación no está firme el esfuerzo echa por tierra las buenas intenciones. Por eso una conducta comprometida se asocia mejor con la motivación interna.

Costos vs. beneficios

Aquí entran en juego otras dos fuerzas, igualmente importantes y en pugna permanente: el costo que se está dispuesto a pagar (en esfuerzo, tiempo, dinero) para alcanzar el objetivo (motivo que impulsa), y los beneficios que se espera conseguir como resultado.  Muchos creen que las dificultades para cumplir con un tratamiento para adelgazar aparecen cuando comienza a disminuir la motivación. Y quizá sea cierto, aunque sólo parcialmente.

Veamos el caso de Alicia. Tiene 54 años, mide 1,60 m y pesaba 105 kilos cuando se decidió a bajar de peso. Le habían diagnosticado diabetes tres años antes. Al principio la controlaron con medicación pero al cabo de un tiempo ésta perdió eficacia para nivelar el azúcar en la sangre. Su médico le dijo que si bajaba de peso mejorarían esos valores y reduciría la probabilidad de tener que aplicarse inyecciones de insulina. Por temor a las inyecciones, Alicia comenzó un tratamiento para bajar de peso. Su motivación fue externa.

En los primeros cuatro meses de tratamiento bajó 12 kilos (a 93 kilos); asistió a las reuniones semanales, realizó un registro de comidas detallado y comenzó un programa de caminatas. Como resultado sus niveles de azúcar bajaron al punto que pudo disminuir la medicación, pero al poco tiempo las cosas empezaron a desmejorar. Durante el quinto mes de tratamiento Alicia faltó a dos de las cuatro reuniones, dejó de anotar sus comidas y bajó la frecuencia de sus caminatas. Estos cambios hicieron que bajara sólo 1 kilo durante el quinto mes, a 92 kilos.

Buscó ayuda para resolver lo que ella consideraba un problema de motivación. Según contó en una reunión, seguía con deseos de bajar más de peso y no entendía por qué ya no sentía el mismo impulso que al comienzo. Se sentía “perezosa y sin fuerza de voluntad”.

En lugar de echarle la culpa de sus dificultades a alguna debilidad de carácter, le pidieron que escribiera una lista con dos columnas: de un lado, lo que pensaba que necesitaba (los costos) para seguir adelgazando; del otro, los beneficios que esperaba obtener al conseguirlo. Después de reflexionar, hizo el siguiente listado:

 

Costos

Beneficios

* Asistir a las reuniones semanales.
* Hacer el registro de comidas y movimiento.
* Caminar todos los días 30 minutos.
* Cuidar qué como.
* Bajar a menos de 80 kilos.
* Mejorar la salud.
* No necesitar inyecciones de insulina.
* Sentirme mejor conmigo misma.
* Mejorar la estética.


Resultó claro que ya había disfrutado de muchos de los beneficios que esperaba obtener con la reducción de peso. Aunque no había alcanzado su meta de 80 kilos, su salud había mejorado y se sentía mejor consigo misma y con su apariencia, por lo que no estaba claro si bajar 12 kilos más le daría los beneficios que originalmente esperaba obtener.

Alicia había llegado a lo que se conoce como peso confortable, aquel que se puede mantener cómodamente después de haber adelgazado unos kilos, con un balance entre las mejorías, los logros (beneficios) y el esfuerzo (costo) que se está dispuesto a hacer para seguir adelgazando. A veces puede ser la pausa necesaria hasta el próximo esfuerzo.

En esta etapa de transición, Alicia logró ver su desgano y lo transformó en acción. Su inquietud hizo que aquella motivación externa diera paso a una reflexión y abriera la posibilidad de avanzar hacia una motivación interna: su propio desafío de alcanzar los 80 kilos. Con su lista entendió que no había perdido su motivación inicial sino que había alcanzado un equilibrio: al haber obtenido importantes logros era preciso renovar el compromiso de la mano de objetivos nuevos, de un nuevo motor. Su motivación inicial, que había sido evitar las inyecciones de insulina, se había logrado con éxito.

Así, la falta de motivación que ella sentía era producto de haber conquistado sus primeros objetivos. Para seguir su camino hacia los 80 kilos, única meta todavía sin cumplir, era necesario compensar su lista de costos con nuevos beneficios, y transformar aquello que comenzó como una indicación médica en un motivo interno y personal.

Alicia pudo tomar la decisión de aceptar su peso confortable como una etapa más en el proceso de adelgazamiento, dispuesta a poner toda la energía en mantener sus nuevas conductas de alimentación y actividad física, con el compromiso de buscar nuevos intereses que la impulsen a seguir bajando. Ahora sabe que, mientras cuida celosamente sus logros, cuando encuentre ese motor volverá el impulso de ponerse en movimiento para seguir adelgazando.

 

Tipos de motivación

Proviene de factores relacionados con...

Motivación externa
Es generada por algo del mundo exterior.
 Una sugerencia, llamado de atención, apoyo o crítica de la sociedad, el trabajo, la familia, los amigos, el médico.
Motivación interna
Es la que impulsa a hacer cosas que le resultan agradables, necesarias o interesantes.
Sentimientos y emociones asociados con incentivos personales, una elección propia producida por la balanza, el espejo, las fotos, la ropa, el movimiento, el funcionamiento social.

 

Para ver más artículos del Dr. Alberto Cormillot, haga clic aquí.
Temas: Obesidad Autoayuda     

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