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Utilice el tiempo a su favor

Disfrute de lo que hace por el hecho mismo de hacerlo. Abra la mente, vea las oportunidades y cambie cuando sea necesario.

Todos dividimos el tiempo en pasado, presente y futuro, pero muchos dirigen su energía hacia el ayer o el mañana, olvidando el hoy. Esto, que a simple vista parece inofensivo, puede ser contraproducente.

Con el pasado perpetuo es frecuente entrar en el terreno de la nostalgia por las cosas no hechas o no logradas. Con el futuro perpetuo es frecuente vivir en el mundo de los sueños al hacer planes, imaginar y proyectarse; y de la ansiedad por lo que está por venir, con lo que se vive pensando y sin acción.

Sin embargo, cuando dejamos abierto el futuro y atrás el pasado vivimos el aquí y ahora, punto exacto en que nos encontramos y una de las claves para la satisfacción que suele pasar más desapercibida.

¿Qué significa “vivir ahora”?

Es disfrutar todo lo que se hace por el hecho mismo de hacerlo. Abrir la mente y ver las oportunidades, cambiar cuando es necesario, reflexionar acerca de la mejor forma de usar el tiempo a favor.

Diferentes investigaciones han demostrado que cada vez más personas viven 100 años. Ese tiempo de vida, multiplicado por los 365 días de cada año, arroja un total de 36.500 días. Ese es su crédito si es de los que vivirán 100 años. Si su crédito es de 90 años, los días son 32.850. Y si es de 80, los días son 29.200 (menos los que vivió hasta ahora, claro).

La mala noticia es que no son millones. La buena es que le quedan unos cuantos miles. ¿Qué piensa hacer con ellos? ¿Cómo vive su presente? ¿Cómo organiza su tiempo?

Un balance guiado puede ser útil para reflexionar sobre esto, especialmente si suele pensar o sentir “me falta tiempo”, “vivo a las corridas” o incluso “no sé qué hacer con mi tiempo libre”…

Haga tres copias del balance que encontrará al pie. Es muy personal y quizá sea mejor que guarde en su agenda o en su diario la hoja sobre la que registre sus sentimientos acerca del uso que hace de su tiempo. ¿Por qué tres copias? Porque en todo trabajo a largo plazo puede resultar muy útil poner una fecha a la autoevaluación y releerla un tiempo después.

Lo más práctico sería, por ejemplo:

1) Responder la guía durante las vacaciones, consignando la fecha.
2) Llenar la segunda copia a mediados de año, en junio.
3) Completar la última copia a fin de año, en diciembre.

En cada caso podrá, además, comparar sus respuestas, ver si sus objetivos se cumplieron, si las barreras y los recursos cambiaron, si pudo ampliar su horizonte, si está siendo lo suficientemente realista. La sensación del buen o mal uso del tiempo es personal. Por eso esta guía no tiene resultados correctos ni incorrectos. Es un disparador, una herramienta para incitar a la reflexión. Incluso pueden ocurrírsele otras variables (¡adelante, anótelas en el reverso de la fotocopia!).

Si al terminar de completarlo se siente satisfecho, perfecto. Si tiene la sensación de que podría estar perdiéndose momentos únicos, que el trajín cotidiano lo devora, que el tiempo “vuela” y que las cosas pendientes siempre son las que le hubiera gustado hacer… ¡Cambie! ¿Cuándo? Cuando se decida. ¿Cómo? Como pueda. Empiece por cualquier parte, siempre podrá modificarlo más adelante. Recuerde que la inspiración llega después de empezar, no antes.

Quizá esté muy cerca del problema, más aún si convive con él desde hace mucho. Procure hacerlo a un lado por una semana, consulte con otras personas. En ocasiones el sólo explicarlo puede ayudar a evaluar nuevos enfoques, puntos de vista que no hubiera tenido en cuenta. Ver los problemas desde otro plano puede ayudar a rejerarquizar lo importante. Si todavía no cree que esto sea importante, recuerde las cuentas del comienzo… ¿No cambiaría nada para usar mejor el tiempo que le queda?

Dr. Alberto Cormillot

Clínica Cormillot

Cuba 3684 (CABA)
Tel: 011 2033-1300

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